El orgullo de hablar Maya.

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Por Andrei Ucan

Ku ya’alik jun p’eel úuchben maya t’aane’: A t’aan e’esi’ik máaxech. Malo’ob k’iin ti’ tuláakal te’ex, ka’ansaj, kaanbale’ex.

Reza un proverbio maya: Tu hablar demuestra quién eres, te hace presente.

¿No les hubiera gustado entender la frase al leerla sin que la tuviera que traducir? Estoy seguro de que, al menos uno de ustedes, respondió que sí. Ahora, imaginen un escenario contrario: una persona de origen maya que no habla español está en un hospital, intentando explicarle a una enfermera lo que necesita. ¿Cómo creen que se sentiría esta persona? ¿Frustrada? ¿Angustiada? ¿Enojada? ¿Se imaginan la desesperación que nadie entienda lo que quieres transmitir?

Las poblaciones indígenas tienen usos y costumbres que los caracterizan: su forma de comprender el mundo y de interactuar con él; cómo visten, cómo comen o cómo celebran sus festividades. Uno de los elementos más importantes que los distingue y les da identidad es la lengua con la que se comunican.

La lengua maya corresponde a un idioma hablado en diversos puntos del sureste mexicano, sobre todo en la península de Yucatán, con su variante denominada como “maya yucateco”. Pero ¿Por qué cada vez menos personas, sobre todo niños y jóvenes ya no hablan este idioma? La especialista Graciela Tec Chan, jefa del departamento de Lengua y Cultura Maya del Estado de Yucatán, afirma que esta pérdida se da porque se está dejando de transmitir como lengua materna. Lingüistas advierten que podría desaparecer por esta falta de transmisión hereditaria. 

Hay otro factor del que es necesario hablar: la identidad cultural. Conozco algunas personas que saben hablar maya pero que por las presiones sociales sienten vergüenza de hacerlo, la discriminación interna que existe entre los mayas también es algo alarmante y necesitamos hacer algo al respecto. El cambio comienza por uno mismo; no ocultar nuestra identidad es un proceso social y cultural que, aunque puede ser tardado, influye en el desarrollo de la lengua.

Tuve la fortuna de crecer en una familia de origen indígena, en donde no se escatimó en heredar esta lengua e inculcar los valores necesarios para su preservación; por el contrario, mi madre nunca quiso enseñarme a hablar español. La razón: ella afirma que la mejor manera de aprender es en manos de un experto, así que inicié mi vida escolar sabiendo muy pocas palabras en español.

Ahora bien, gracias al proceso de globalización en el que nos encontramos en la actualidad, la influencia de otros idiomas han permitido establecer una mejor comunicación con otros países, fomentando el desarrollo y crecimiento nacional; por ello, escuelas, gobierno y empresas se han enfocado en preparar a las personas en lenguas extranjeras en lugar de lenguas indígenas.

Es también gracias a este proceso de globalización que la lengua va perdiendo su propia identidad: el auge de nuevas palabras propicia que se vayan introduciendo al idioma nuevos conceptos para referir objetos o situaciones no nativas de esta cultura; por lo que los maya hablantes han tenido que aprender a pronunciar algunas consonantes no existentes en maya. Por ejemplo, personalmente, no puedo pronunciar la “r”, sin embargo, no es impedimento ni me avergüenza no poder hacerlo como los demás. Por el contrario, es una ventaja para hablar francés. De esto se trata, sacar ventaja de los conocimientos natos y aplicarlos en otras situaciones.

De acuerdo con una encuesta realizada por Consulta Mitofsky en 2013, aproximadamente un 11.6% de la población mexicana habla inglés. En contraste, según datos del censo realizado por el INEGI al 2015, del total de la población mexicana, unos 119 millones de personas, apenas el 0.72% habla lengua maya, ni siquiera el 1%, a pesar de ser la segunda lengua indígena más hablada a nivel nacional.

A nivel estatal, el 30% de la población mayor de 5 años en el estado de Yucatán es hablante de una lengua indígena, de las cuales el 14% no hablan español. Piensen cuántas de estas personas pasan por diversas situaciones en las que deben hacer un trámite del gobierno, de salud o cualquier otra dependencia. En mi experiencia, puedo decirles que, a falta del conocimiento del español, se ven obligados a contratar o pagarle a alguien que los acompañe para hacer las funciones de traductor. ¿De verdad es necesario que estas personas tengan que invertir su dinero para esto? ¿No es mejor que las personas que trabajan en estas dependencias puedan comunicarse con los maya hablantes para facilitar todos sus procesos sin generar costos adicionales?

Entonces, les cuestiono, ¿Qué están haciendo ustedes para recuperar nuestras lenguas indígenas, para ayudar a las personas que lo único que buscan es conservar su identidad? Es nuestro deber como representantes de esta lengua exhortar a las autoridades correspondientes a tomar las medidas necesarias para incentivar el aprendizaje y preservación de esta lengua. Por eso, quiero demandarles a las autoridades de esta escuela, a la coordinación de lenguas que consideren incluir este idioma como una actividad adicional, que permitan el acceso al conocimiento de nuestra cultura promoviendo más y mejores actividades para el acercamiento a esta hermosa lengua.

Pero no basta con que las autoridades implementen medidas; si nosotros nos rehusamos a aprender una lengua indígena y en su lugar, preferimos acercarnos al inglés, francés o cualquier otra lengua extranjera, no podemos lograr este objetivo. Los invito a reflexionar, si supieran cuando menos lo básico de maya como saben lo básico de inglés, podrían ayudar a muchas personas, podrían sentirse orgullosos de su cultura. En verdad da una satisfacción indescriptible cuando estás hablando con tu madre en la fila del cine, y se acerca alguien a decir: “Te felicito, porque no cualquiera tiene el valor de hablar una lengua indígena como tú lo haces”.

Como dije al principio, a t’aan e’esi’ik máaxech (tu hablar demuestra quién eres).

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